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Un encuentro con la fundacion rockefeller desde nicaragua, 1915-1930. Lic. Ligia María Peña. IntroduccióN


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UN ENCUENTRO CON LA FUNDACION ROCKEFELLER DESDE NICARAGUA, 1915-1930.

Lic. Ligia María Peña.

INTRODUCCIÓN.-


A inicios del siglo XX, la práctica de la higiene pública norteamericana todavía se movía en el marco de referencia de las concepciones higienistas europeas. Pero la aparición de la medicina de laboratorio, en Europa a finales del siglo XIX, con sus grandes avances en la determinación de agentes causales de las enfermedades, definieron el nacimiento de una nueva epidemiología que desplazará a la antigua idea de higiene, e impulsará el desarrollo de nuevas medidas terapéuticas masivas y efectivas para la erradicación de las enfermedades.1

Esta concepción era la que se proponía llevar a cabo la Fundación Rockefeller, con sus campañas de erradicación. A tal efecto, se creó en 1909 la Comisión Sanitaria Rockefeller, para eliminar la uncinariasis en los estados sureños de EEUU.



La creación de esta instancia sanitaria, marcó el inicio de un largo y romántico idilio entre filantropía y salud pública científica, y los proyectos de erradicación inauguraron una nueva era de progresiva confianza en la habilidad sistemática de la ciencia de resolver los problemas seculares de la humanidad.2

En 1914, la Fundación escogió Centro América como campo de difusión de su campaña contra la uncinariasis, y en los años siguientes se establecieron programas similares en Costa Rica, Panamá, Nicaragua y el Salvador.

I. INTERVENCION NORTEAMERICANA Y SALUD PUBLICA EN NICARAGUA 1910-1930. -

El protectorado impuesto a Nicaragua por la intervención a partir de 1910, propició la difusión de las ideas y prácticas sanitarias de origen norteamericano en el país, difundidas a través de las emergentes fundaciones filantrópicas de los EEUU, como la Fundación Rockefeller(FR).

A partir de 1910, los EEUU comenzaron buscar la estabilidad de Nicaragua, mediante la creación de algunas instituciones que representaran la autoridad del Estado, y dieran solución al otro problema estructural del Estado, su solvencia fiscal y escasez de recursos económicos. En 1911 se creó la Recaudación General de Aduanas, al año siguiente el Banco Nacional de Nicaragua, y en 1917 la Alta Comisión.3

Todas estas iniciativas buscaban estabilizar el Estado y sistema político nicaragüense, así como asegurar el pago puntual de las obligaciones financieras, con los banqueros americanos y consorcios europeos. De ahí que entre 1915 y 1930, prácticamente en Nicaragua casi no se invirtiera en obras públicas, instrucción y salud.

Por otro lado, la intervención profundizó la debilidad del estado nicaragüense, y redujo aún más su capacidad institucional de dar respuesta a los problemas sociales de la población, especialmente en lo que se refiere a la salud pública. La poca incidencia del estado en la salud pública, estaba a cargo de las municipalidades que apoyándose en el Reglamento de la Policía, y en sus pocos recursos económicos trataban, de impulsar y hacer que la población cumpliera con las medidas elementales de higiene.

Nunca como en otros momentos, el deterioro del estado de salud de la población fue tan evidente. Epidemias como la varicela, el sarampión, la influenza, tifoidea, malaria se ensañaba con la población, esta situación se veía agudizada por las condiciones higiénico-ambientales en que vivían las personas, la falta de infraestructura sanitaria, bajo nivel educativo y la desarticulación de la organización sanitaria.

Es en este contexto, que la de la Fundación Rockefeller tendrá su primer encuentro con Nicaragua. En 1914, el Encargado de la Legación de Nicaragua en Panamá, Marcos E. Velázquez, muy entusiasmado, escribía a su superior, el Ministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua, para informarle del establecimiento de la FR en Panamá, y sugerirle que el Gobierno de Nicaragua debía aprovechar las ventajas que ofrecía la Fundación y extender al país el programa de erradicación de la Uncinariasis. Recordándole además la importancia que tendría para el desarrollo del país, erradicar esa enfermedad entre las masas trabajadoras, lo cual redundaría en el aumento de su productividad y por ende, en la ampliación e intensificación del comercio y la industria del país.4

La oferta además de halagadora para el Gobierno del Nicaragua, no podía llevar en mejor momento. Apelando a la “buena voluntad y lazos de cooperación” que ya existía entre ambos gobiernos, el Ministro de Relaciones Exteriores, en carta del 9 de octubre de 1914, informaba al doctor Joseph White,5 que el Gobierno del presidente Adolfo Díaz, con el pleno conocimiento de los “altos y benéficos fines que se propone alcanzar la Comisión, en provecho de la salubridad del país, se halla dispuesto a prestarle la más amplia protección, y acogía de buen grado las bases propuestas para el establecimiento de la Fundación en el país, con el compromiso de hacer que el pueblo se de cuenta exacta de la nobleza y desinterés que presidirán los trabajos de la Comisión”.6

El 29 de junio de 1915, en comunicación al Dr. Juan Bautista Sacasa, presidente del Consejo de Salubridad Pública, el Dr. Daniel Molloy, expuso ampliamente los objetivos del trabajo que se llevaría a cabo en Nicaragua. El Programa se estructuró a partir de la lucha contra la uncinariasis, enfermedad producida por un parásito intestinal, llamado científicamente ankilostoma duodenal.

Las actividades del Departamento de Uncinariasis en Nicaragua, abarcaron programas tendientes al diagnóstico y tratamiento masivo contra la enfermedad, el saneamiento a través de la instalación de letrinas, y a educar a la población hacia la modificación de sus hábitos de higiene por medio de grandes campañas educativas y propagandísticas, con novedosos recursos didácticos.

Una vez que el programa estuvo listo y el personal técnico capacitado, se iniciaron los trabajos de campo con mucho éxito en los departamentos de Chinandega, Masaya, Carazo, Granada y Matagalpa. Posteriormente fue abriéndose paso hacia otras localidades del país.

En poco tiempo, los gobernantes conservadores internalizaron el discurso de la Fundación Rockefeller, y no faltaban en sus intervenciones públicas, frases de elogio, reconocimiento y gratitud para esa institución a la que “Nicaragua debía apoyar eficazmente ya que los frutos de su benéfica acción los están gozando desde hace meses el pueblo nicaragüense”.7

Un paso muy importantes desde que la Fundación se estableció en el país sucedió en 1918. Una noticia aparecida en diario La Tribuna, informaba que por decisión del Poder Ejecutivo, la cobertura del Departamento de Uncinariasis se extendió a todas las escuelas públicas y privadas del país. Siendo obligatorio para que los alumnos se matricularan al año escolar siguiente, presentar un certificado de salud extendido por el Departamento de Uncinariasis.8

Al año siguiente, el vínculo del Departamento de Uncinariasis con el sistema educativo se estrechó aún más con la creación del Departamento de Sanidad Escolar, esta dependencia jugaría un papel clave para alcanzar uno de los objetivos que la Fundación se había propuesto, tal era que la población adoptara nuevos hábitos y prácticas higiénicas.

En los años veinte, el trabajo del Departamento de Uncinariasis alcanzó una amplia cobertura en el país, llegando en algunos casos a suplir las demandas que tenían las municipalidades respecto a servicios de salud e higiene de sus poblaciones. Así lo manifiestan los informes de los jefes políticos, en 1921 el Jefe Político de Masaya informaba que debido “a la obra piadosa y filantrópica de la Institución Rockefeller, el estado sanitario de esa ciudad y demás pueblos del departamento había mejorado sensiblemente”. 9

Así mismo, a partir de 1923, los oficiales del departamento de uncinariasis, organizaron en las municipalidades donde se habían concluido los trabajos de erradicación, dispensarios médicos ambulantes con el objetivo de supervisar y darle continuidad a los trabajos de higiene y de manera, evitar que los pobladores se infestaran nuevamente. Experiencias similares se habían desarrollado en otros países latinoamericanos.

Un avance para el trabajo del Departamento de Uncinariasis significó lograr que las municipalidades destinaran un porcentaje de sus ingresos al pago de inspectores locales de higiene, encargados de velar por la supervisión y cumplimiento de las disposiciones de higiene.

Unos años más tarde, la Fundación amplió sus programas de erradicación a otras enfermedades desarrollando trabajos de higienización y saneamiento en los puertos y algunos departamentos del país donde habían aparecido casos aislados de fiebre amarilla, o donde la malaria y el paludismo tenían un comportamiento endémico entre la población.10

También en los años veinte, la Fundación Rockefeller se enfrascó en sentar las bases de la modernización de los servicios de salubridad. El Gobierno de Nicaragua, contando con el apoyo de funcionarios de esa institución, formó una comisión para estudiar las leyes y reglamentos sanitarios vigentes en el país y redactar un código sanitario donde se establecerían el tipo de organización sanitaria que se estructuraría en el país, delineada de acuerdo a los parámetros de la salud pública norteamericana.

La reorganización y modernización de los servicios de salud abarcó incluso la región Atlántica del país, donde históricamente la atención a la salud no ha sido una prioridad de los gobiernos. En 1927, el Dr. Daniel Molloy en cumplimiento a una disposición del gobierno de Adolfo Díaz, procedió a la reestructuración del servicio sanitario cuya sede se fijó en la ciudad de Bluefields.11

L a reforma de la salud pública en Nicaragua, era parte de la estrategia que la FR se propuso desde el inicio de sus operaciones en América Latina. La Fundación consideró que las campañas de erradicación serían la punta de lanza que los llevaría a considerar una cooperación más amplia y permanente frente al problema de la educación médica, la organización de la salud pública y la capacitación del personal para el servicio de salud, servicios que la Fundación podía brindar y que ayudarían a afianzar el prestigio de los EEUU, contrarrestando la impresión de un espíritu puramente mercenario.12

B. ALGUNOS DESENCUENTROS DE LA FUNDACION ROCKEFELLER EN NICARAGUA.

En 1928, el Departamento de Estado de los EEUU, orientó a W.W. Cumberland, realizar un estudio económico-financiero de Nicaragua, para valorar la efectividad de la llamada “rehabilitación financiera” del país, e incorporar algunas medidas correctivas para los problemas que aún habían en el país.

En el informe, el funcionario al analizar la situación de la salud pública en el país, señalaba que el crédito por el progreso que había alcanzado ésta, se le debía otorgar a la Fundación Rockefeller que supervisa en gran medida la salubridad pública de la República, y que “sin su aliento y apoyo probablemente los logros en materia de salud pública desaparecerían tal como sucedía antes de que la Fundación iniciara sus trabajos en el país”.13

Pero también el informe hacía eco de los obstáculos que habían limitado el trabajo de la Fundación enfatizando en que uno de los problemas más difíciles que existía en el país en cuanto al desarrollo de los servicios de salud pública, era “la indiferencia de aquellos elementos de la población de Nicaragua que deberían asumir un liderazgo en esos asuntos”.

Y es que en el ámbito local, el trabajo del Departamento de Uncinariasis, se encontró con una situación ambigua. Por un lado, el desinterés, apatía e inercia de los funcionarios municipales en algunas zonas fue muy evidente ya que éstos consideraban que los oficiales de la FR venían a restarles autoridad y popularidad en sus respectivos territorios, imponiéndoles erogaciones económicas, y el cumplimiento de las leyes sanitarias, como la construcción de excusados, decretada en 1917 y cuya obligatoriedad fue fuente de serios problemas en algunas localidades.

Sin embargo, en otros pueblos según se desprende de los informes del Departamento de Unicinariasis, el respaldo de los alcaldes y agentes de policía, pareció ser decisivo para el éxito de los trabajos. Un informe de 1917-18, señalaba que en Nandasmo, el éxito de los trabajos de erradicación y saneamiento se debió en su mayor parte: “al interés de los vecinos y a la actividad de las autoridades locales incluyendo al señor agente de Policía ”14

Un serio problema para el desarrollo del trabajo del Departamento de Uncinariasis en el país, fue el tipo de organización que imperaba en los servicios de la salubridad pública del país.

En 1919, el Dr. Daniel Molloy, Director del Departamento de Uncinariasis, en su informe de las labores desarrolladas por esa dependencia, llamaba la atención sobre la necesidad de centralizar la dirección del servicio de salubridad publica, debido a la existencia de dos Consejos Superiores de Salubridad Pública, con jurisdicciones en León y Granada, lo cual desde su punto de vista, limitaba la efectividad del trabajo de dicha dependencia porque “ ni el uno ni el otro son responsables por los trabajos higiénicos en el país”.

Esta reforma se logró materializar hasta en 1925, cuando se organizó el Departamento de Salubridad Pública y se decretó la Ley de Protección a la Salud Pública.

Exploraremos ahora como fue recibido el discurso del Departamento de Uncinariasis en el ámbito popular. El trabajo de la Fundación se topó en primer lugar, con la persistencia en las regiones rurales de prácticas médicas llevadas a cabo por curanderos campesinos que disponían de una amplia farmacia clandestina en la que guardaban hojas, raíces y filtros cuyo uso dominaban gracias a la sabiduría transmitida por los más viejos. Este tipo de práctica médica, se debía en parte a la tradición y principalmente a la falta de cobertura de los servicios de salud en las áreas rurales.


Situación similar se desarrolló cuando el departamento de Uncinariasis empezó sus trabajos con los indígenas de la zona de Matagalpa, quienes se oponían a la realización de los exámenes de sangre, debido a supersticiones y creencias ancestrales.

Los funcionarios del Departamento de Uncinariasis criticaban estas prácticas médicas y las tildaban de ignorancia, supercherías y brujerías, en un claro desconocimiento de la cultura y realidad socioeconómica del país. De ahí que no sea casual que el Gobierno a partir de 1917 en apoyo al trabajo del Departamento de Uncinariasis, empezó a presionar a las autoridades municipales para que aplicaran el rigor de las leyes contra los curanderos y toda persona que ejerciera la medicina de manera ilegal.

Situaciones similares se les presentaron a los oficiales de la Fundación Rockefeller, en las zonas rurales de Brasil y Colombia, donde la población tenía hábitos y prácticas sanitarias y médicas muy arraigadas, que se constituyeron en ejemplos claros de la típica resistencia cultural a la modernización de la salud pública.15

Es preciso señalar, que pese a la negativa de los funcionarios de la FR de aceptar este tipo de prácticas culturales, en Nicaragua, para el caso de los indígenas de las cañadas de Matagalpa, reconocieron aunque desde una óptica de superioridad racial, que para erradicar la enfermedad, no bastaba solo con dar medicamentos, construir letrinas e impartir charlas de higiene “sino que se trataba de mejorar las condiciones de vida de los indígenas, problema de mayor significación que debían resolver los Gobiernos. , pues de lo contrario la degeneración de la raza continuará y tal vez podrá llegar a desaparecer”.16

Otro punto de desencuentro con la Fundación a nivel popular la construcción de letrinas. En abril de 1917, el Gobierno decretó una ley que obligaba a las personas a tener un excusado o letrina en su casa. Esta disposición había pasado desapercibida para la población, ya que las autoridades locales en algunos casos ignoraban su existencia, y en otros, no querían enemistarse con la población obligándolos a cumplir dicha ley.

La intransigencia de los funcionarios del departamento de Uncinariasis, para hacer que las autoridades locales acataran el cumplimiento de la ley, llegó a provocar una serie protesta de los vecinos de la localidad de Santa Teresa, municipio del Departamento de Carazo, quienes amenazaron con abandonar el pueblo si se les obligaba a construir las letrinas.

Esta información aparecida en el Diario El Correo, de la ciudad de Granada, también hacia eco del malestar general que producía la presencia norteamericana en el país. Los vecinos de Santa Teresa se quejaban de lo que ellos consideraban en breve serían hechos materiales” la americanización de nuestro suelo patrio”, prestando obediencia ciega a lo que dice el Departamento de Uncinariasis”. 17

Pero no solo los vecinos de Santa Teresa llegaron a identificar el trabajo del Departamento de Uncinariasis como parte de la intervención yanqui en el país. Intelectuales liberales como el leonés Mariano Barreto, quien haciendo eco del sentimiento anti-yanqui que se respiraba en la Nicaragua de los años de la intervención, en un escrito publicado en 1917, criticaba al Presidente Emiliano Chamorro, de ignorar conscientemente, lo que se escondía detrás del discurso del departamento de Uncinariasis.

Barreto estaba plenamente convencido que las pretensiones del Dr. Molloy, desbordaba el simple deseo filantrópico, lo que se quería era ”ejercer supremo poderío sobre todos los ramos de la administración pública, con el propósito de predominar en todo, para explotar en provecho de ellos los filones económicos”. 18

Y agregaba a continuación: “ ya casi tenemos sobre nosotros el establecimiento de inodoros en toda la República, y el de filtros y medicamentos indispensables que constituirá un brillante negocio americano.19 Enseguida vendrán las cloacas, y miles de exigencias más, que si bien tienen importancia para la salud y ornato de los pueblos, en momentos de crisis económica, constituirán violento ataque contra la salud de esos pueblos que carecen de lo indispensable para la vida”.20

Otro obstáculo limitó en algunas zonas el trabajo de erradicación fue de índole económica. Los trabajos del laboratorio coincidían con la temporada de cortes de café, por lo cual centenares de personas de ambos sexos se ausentaban de las poblaciones durante todo el período de permanencia del laboratorio y otras suspendían el tratamiento por integrarse a esta actividad que era base de su sobrevivencia económica.

Así mismo, podemos mencionar que al parecer, las autoridades eclesiásticas jugaron un papel importante para cambiar la percepción popular hacia la labor del Departamento de Uncinariasis.



CONCLUSIONES.

Algunas conclusiones preliminares. En Nicaragua, el protectorado impuesto por la intervención norteamericana a partir de 1910, la debilidad institucional del estado nicaragüense, la dispersión institucional en materia de salud pública, y el carácter discontinuo de las políticas de salud, abonaron el camino para la difusión de las ideas, concepciones y prácticas sanitarias acuñadas en los EEUU y difundidas por fundaciones filantrópicas como la FR.

A partir de 1915 la FR desarrolló un ambicioso plan de erradicación de la uncinariasis en los núcleos urbanos y semi-rurales del país, donde la enfermedad afectaba a la población trabajadora incidiendo en la productividad y en el desarrollo económico del país.

Si bien es cierto, los sectores dominantes del país, se identificaron con el discurso de la FR. A nivel popular, el trabajo del Dpto. de Uncinariasis se topó con la persistencia de prácticas culturales muy arraigadas entre la población, que la FR trató de obviar en un claro desconocimiento de la realidad nicaragüense; y que al final conspiraron contra los objetivos iniciales que se trazó en el país.



Indudablemente uno de los efectos colaterales de las campañas de la FR en Nicaragua fue la reorganización del servicio de salud pública, delineado bajo los parámetros de la salud pública norteamericana. Falta valorar, si este modelo era el más acertado para el estado de desarrollo en que se encontraba la salud pública nicaragüense.


1 Quevedo, Emilio. De la higiene a la salud pública en Colombia en la primera mitad del siglo XX.

2 Birn Anne-Enmanuelle y Solórzano, Armando. Hook of Hookworm: public health and the politics of erradication in México. P.148.

3 Walter,Knut. The Regime of Anastasio Somoza, 1936-1956. USA: The University of North Carolina.

4 Memoria preentada al Congreso Nacional por el Ministro del Ramo, don Diego Manuel Chamorro. Managua: Tipografía Alemana de Carlos Heuberger, 1915.


5 Representante de la Comisión Internacional de salud de la Fundación Rockefeller.

6 Memoria presentada... ibid.

7 Manifiesto del Señor Presidente Gral. Emiliano Chamorro en el solemne acto de Transmisión del Poder Público. Managua: Tipografía Nacional, enero de 1917.

8 Diario La Tribuna. Año II. No.424. 29-09-1918. P.03

9

10 La incidencia de ambas enfermedades en la zona portuaria de Corinto, había puesto en vigor desde hacía 6 años, una cuarentena impuesta por las autoridades de la Zona del Canal sobre los buques que tocaban Pto. Corinto.

11 Informe presentado por el Sr. Director Gral. de Sanidad al Ministerio de Policía e Higiene, 1928.

12 Cueto, Marcos. Los ciclos de la erradicación: La Fundación Rockefeller y la salud pública latinoamericana, 1919-1940.

13 Cumberland, WW. Nicaragua, Investigación Económica y Financiera. Trad. “Gonzalo Meneses Ocón”. Colección Cultural, Banco de América., 30 de junio de 1980.

14 Informe anual de los trabajos realizados por el Dpto. de Uncinariasis desde el 1º de octubre de 1917 al 30 de septiembre de 1918. Managua: Tipografía Nacional,1918.

15 Cueto, Marcos. Los ciclos de la erradicación... ibid. P. 185.

16 Informe anual de los trabajos realizados desde el 1º. de octubre de 1919 al 30 de septiembre de 1920 por el Departamento de Uncinariasis. Managua: Tipografía Nacional, 1920.

17 Diario El Correo, Granada, 23 de junio de 1917. No.575. p.4.

18 Carta Política al Gral. y Presidente Emilio Chamorro. En: Barreto, Mariano. Política, arte y religión. León, Nicaragua, 1921. Pp 175-176.

19 Además el autor denuncia que esto se convirtió en un lucrativo negocio para los conservadores.

20 Carta Política.. ibid.176



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