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Nos vemos en la calle Bruklin. A las nueve


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tarix09.05.2016
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Era un día como cualquier otro en una mañana de invierno. Me desperté para ir a la escuela. Escuché los gritos de mi mamá para que me apurara. En menos de cinco minutos ya estaba bañado, cambiado y sentado a la mesa desayunando.

Iba camino hacia la escuela en mi bicicleta. La densa niebla me impedía ir rápido y para agregar mi mamá me había advertido que tuviera mucho cuidado. Todos los días pasaba por un cementerio que me hacía acelerar. No pude aguantar ni diez metros con tanta velocidad y lo único que recuerdo es que estaba tirado en el piso con una cortadura en la cabeza. Y además una persistente llovizna molestándome. Cuando me senté para ver qué tan grave era la herida un sobre colorado cayó de mi pecho. Dudé en abrirlo, pero la intriga era demasiada. La carta decía:
Sr.Brown:

Nos vemos en la calle Bruklin. A las nueve.
La carta no estaba firmada. Estaba escrita con una letra rara. Decidí volver a mi casa. Me subí a la bicicleta y pedaleé con toda mi fuerza. Cuando llegué no sentía las piernas. Entré a casa gracias a la llave que estaba debajo del felpudo, subí las escaleras y la encontré a mamá limpiando mi cuarto.

-¡Hola, ma!- exclamé.

La única respuesta fue.

-¡¿Qué haces acá hijo, ya deberías estar en el colegio hace diez minutos?!-me respondió furiosa.

-Es que… encontré esta carta y sos la única en la que puedo confiar- le respondí asustado.

Saqué la carta y se la di. La abrió y se sorprendió. Cuando me la mostró me di cuenta de que no había nada escrito.

-Andá al colegio y dejá de perder el tiempo.- me ordenó.

Baje las escaleras a toda velocidad, agarré la bicicleta y salí a buscar la calle Bruklin. Ignoré lo que me había dicho mi mamá.

Estuve a punto de darme por vencido pero ahí estaba la calle Bruklin. Había parado en un pequeño bar y por suerte mi mamá me había dejado plata para el colegio. Y con el tiempo que estuve sentado ya se me habían hecho las ocho. Además los sandwiches y el agua ya me habían llenado. Mientras buscaba por la calle Bruklin al dueño de la carta encontré un galpón, un galpón abandonado. Sentía que tenía que entrar. El galpón era enorme y tenía una puerta oxidada. Con mucha fuerza la abrí. Estaba oscuro. Sólo una tenue luz iluminaba y muy poco. De la oscuridad salió un extraño señor con una lámpara de mano apagada.

-Te estaba esperando- dijo el señor rompiendo el silencio.

-Pero yo no soy el Sr. Brown- respondí casi sin palabras,

-Ya lo sé. Sígueme- me dijo tranquilamente.

Y lo seguí. Me llevó a la orilla del río. Allí prendió el faro y apareció una goleta. Antes de que lo prenda no había ni un solo barco y cuando lo prendió allí estaba una goleta antigua pero al mismo tiempo hermosa.

Es… Como un tercer ojo, la lámpara- le dije sorprendido.

-Sí, esto es como un amuleto para mí- me susurró, como para que nadie escuchase.

-Esa goleta me parece conocida- le dije asustado.

-Sí, es la del señor Brown que aparece en libros. – me dijo más despacio todavía-

- ¿Y, quien es el Sr. Brown?- le dije.

-¡Yo!- gritó riendo con toda su voz y desapareció en la niebla.



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