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Muztag Ata 2005. Expedición G. E. Niphargus


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Muztag Ata 2005. Expedición G.E. Niphargus
Paso a contaros lo que sucedió en nuestra última expedición al Muztag Ata, pico de 7546 m. que está situado en la cordillera del Khun Lun (China). La elección de este pico fue muy fácil. Hacía dos años que habíamos estado en el Lenín, que no subimos por el mal tiempo, y había ganas de intentar otro 7000 y sacarnos la espina.
Tras el viaje Madrid-Paris-Pekín, volamos a Kasghar, provincia del Xinjiang, en la parte más occidental de China. Es una ciudad de unos doscientos mil habitantes, y famosa porque en el pasado formó parte de la ruta de la seda, al ser la salida natural, tras atravesar las grandes cordilleras asiáticas de Sur a Norte. Allí hicimos nuestras últimas compras de comida.

 

5 de Agosto

Nos dirigimos por tierra hacia la montaña. Fueron unas seis horas de autobús por la Karakorum highway (KKH) adentrándonos en valles cada vez más profundos y montañas más altas. Ya por la tarde, llegamos a los alrededores del Muztag Ata, junto al lago Karakul. Allí pudimos apreciar la impresionante y enorme mole del pico. La noche la pasamos en unas yurtas, esas tiendas de campaña circulares hechas de madera y piel que utilizan los pueblos nómadas de la zona. Como no teníamos los sacos con nosotros tuvimos que usar unos edredones muy gruesos que había en las tiendas. No pasamos frío, pero los 3600 m., a mí ya me provocaron los primeros dolores de cabeza.
6 de Agosto

Rápidamente dimos cuenta del desayuno y tras un breve recorrido de unos 12 Km estábamos al pie de la montaña a unos 3800 m. Aquí todo va muy despacio y tuvimos que esperar a que los porteadores y los guías organizaran todos los bultos que debían ser trasportados por los camellos. Mientras, yo intentaba llevar el mínimo peso. Para ello me había comprado en Kasghar una micromochila en la que metí un par de botellas de agua y un forro polar fino por si cambiaba el tiempo. Lo demás lo llevaba “puesto”: bastones, flamante cámara digital, gorro, gafas y como siempre mucha crema. Fue una subida muy lenta. No hay que tener ninguna prisa en estos primeros días. Yo particularmente me empeñé en ir tan despacio que llegué el último junto con Guti. Al llegar todo estaba preparado: una tienda para dos, colchonetas hinchables y al poco la cena. Estábamos en el campo base (CB) a 4440 m.


7 de agosto

El CB es un lugar muy agradable. A pesar de la altura hay hierva, varios riachuelos, normalmente no hay nieve y tiene unas vistas magníficas sobre el amplio valle por el que discurre la KKH. Este primer día en el CB solo subimos unos 200 m. Estuvimos viendo el glaciar Kmatolja justo al norte de la arista oeste que va directa hacía la cumbre y que es por donde discurre la vía normal. Lo que más nos impresionó fueron las paredes que caen a ambos lados del enorme valle por donde discurre el glaciar. A la hora de comer ya estábamos todos de vuelta: el grupo más numeroso, de catorce, correspondía al guiado de Aragón Aventura, con Fernando Garrido a la cabeza, el segundo a tres de Granada y nosotros que éramos también tres (Guti del que ya he hablado y Danone).


8 de agosto

Este fue un día que podemos llamar de vacaciones y “aclimatación plena”. Se pasó toda la noche y la mañana nevando así que lo único que hicimos el grupo de Burgos fue estar en la tienda dormitando y leyendo. De vez en cuando salíamos para comer y cumplir con otras necesidades. El resto de gente si que subió hacia el campo 1 (C1) y aunque muchos no llegaron la jornada la dieron por válida y eso hizo que nos “desfasáramos” con el resto de expedicionarios. Es decir, nosotros subiríamos al día siguiente al C1 y el resto de gente descansaría.


9 de agosto

Después de la nevada este día amaneció mejor y el “melódico canto” de los burros nos indicaba que la noche tocaba a su fin y por fin íbamos a empezar a trabajarnos la montaña. Aún así, hacía frío y había unos 20 cm. de nieve en el CB. Preparamos los bultos (tiendas, comida, hornillos, gas) para los burros y empezamos a subir. La subida es parte de la gran loma que comenzando en el CB se extiende hasta los seracs, situados a 5700 m., y no tiene ninguna dificultad. Es simplemente andar un sendero con muchos zigzag, primero por tierra y finalmente ya en la nieve. Por el camino íbamos encontrándonos con el resto de grupos que estaban el la montaña: alemanes, coreanos, franceses, etc. La subida es dura esta primera vez, pero con calma lo hicimos en 4h40min. El tiempo había mejorado y las vistas desde ese nido de águilas son magníficas. Yo ya estaba deseando el poder dormir allí para ver los atardeceres. Sólo permanecimos allí como 1h30min mientras montábamos la tienda y comíamos un poco. Las tiendas se sitúan sobre plataformas en la misma ladera y no siempre hay sitio lo que obliga a tirar de pala. La bajada la hicimos en 1h15min y no corriendo mucho.


10 de agosto

Descanso en el CB. Aprovechamos para preparar las cosas para el día siguiente, que ya habíamos decidido, nos iríamos a dormir al C1. También vimos como el resto de compañeros, que habían descansado el día anterior, se iban a dormir al C1. Ellos, por falta de espacio, montaron su campo unos 150 m por encima del nuestro, justo en una plataforma muy cómoda y segura, al pie de los seracs.


11 de agosto

Finalmente hemos preparado los petates con lo que nos falta por subir al C1 y los burros se han ido con la carga. En total habremos subido unos 100 Kg de material a unos 2€ el Kg. El precio no es caro entre tres, consigues ahorrarte mucho esfuerzo y además ayudas a la gente que vive de la montaña. Seguramente somos la principal fuente de ingresos de muchas familias en todo el año. Esta vez nos hemos encontrado ya mucho mejor y llegamos al C1 en 3h. 50min. Después de cenar pudimos ver nuestro primer atardecer desde el C1.


12 de agosto

Una vez superada la primera noche en el C1 tocaba subir un poco para aclimatar. Era un día que yo esperaba ya que nos pondríamos por primera vez los esquís y entraríamos en la zona de seracs de la que Javi, de Granada, había hablado tan bien por su espectacularidad. La verdad es que la altura se notaba bastante. Yo me tomé alguna que otra aspirina para el dolor de cabeza y al llegar a 5.800 decidimos volvernos. La bajada no fue muy brillante ya que había nieve costra como consecuencia de la nevada del día 8. Pero bueno… para eso se inventaron las vueltas María.


13 de agosto

Amaneció un día muy bueno. Uno de los mejores. El objetivo era subir hasta el campo 2 (C2) a 6.200 m. y montar nuestra segunda tienda dejando como siempre algo de comida, gas, etc. Yo tenía ganas de subir ya que superaríamos los seracs entrando en la parte final de la montaña. Tenía ganas de ver como era eso. Ya de entrada nos encontramos con un hombre “subiendo” en bicicleta a más de 5500 m y con todo nevado, ¡es que hay gente para todo! Explicaré como subía: Por supuesto no iba montado. Iba con la bici por delante agarrada por el manillar y por el asiento (que no llevaba, solo la barra) y la desplazaba primero de un lado y después de otro, finalmente se subía él con gran esfuerzo. Yo no me lo podía creer así que le hice una foto bien de cerca. Al principio no quería, pero al final aceptó. Me dijo que el año pasado ya lo había intentado… no le volví a ver.


Después de esto atravesamos la esperada zona se seracs. Es la zona más entretenida ya que hay pequeños montículos y grietas que hay que salvar. Pero no os asustéis, es sencillo y con poco peligro a pesar de lo espectacular de las fotos. Yo me encontraba muy cómodo para la altura que estábamos y con los skis iba de maravilla. Finalmente llegamos al C2 e instalamos la tienda justo en un hueco que dejaban unos montañeros muy barbudos que andaban con montones de material. Les preguntamos que si “summit” y nos dijeron que no. Por dentro pensé: si estos tan barbudos no han subido, con lo burros que parecen, ¿que hay por allí arriba?

Rápidamente nos bajamos al C1, el trabajo estaba hecho, y al día siguiente tocaba descansar por fin.


15 de agosto

Después del descanso en el C1 y dando otra vuelta de tuerca este día nos mudábamos al C2 para pasar la noche. Ya teníamos una estrategia de cumbre.


Os cuento: Lo normal era bajar al CB a descansar y atacar la cima, es decir, subir en dos días al C2, el tercer día mover el C2 hasta en C3 a 6.850 m y el cuarto, por fin, hacer la cumbre. Nosotros decidimos cambiar de estrategia, lo que íbamos a hacer era, al día siguiente y antes de bajar al CB, mover el C2 a una posición más avanzada a 6450 m. De esta forma podríamos hacer el ataque a la cumbre en un día menos. Además de ahorrarnos un día en la subida teníamos otras ventajas: la última noche estas más bajo y descansas mejor, tendríamos ya todo arriba y en el ataque a la cumbre estaríamos más descansados, en la bajada después de cumbre llegaríamos más abajo que en el ataque normal saliendo del C3, menos riesgo de congelaciones, etc. Como en todo hay inconvenientes: hay que estar más fuerte ya que hay que salvar unos 1.100 m de desnivel, esto hace que haya que salir de noche con lo que se pasa más frío y por último en caso de fallar es imposible hacer un segundo intento al día siguiente.
16 de agosto

Movimos el C2 a 6440. La tienda quedó situada en una zona plana desde donde se veía perfectamente la subida hacía el C3. Deciros que para colocar la tienda tuvimos que darle a la pala hasta hacer una buena plataforma y así poder asegurar la tienda. Era una tienda clave, que debía aguantar, ya que al menos tardaríamos seis días en volver a ese punto.

Después de acabar de montar la tienda nos bajamos al CB. Había que saber las predicciones de los alemanes y buscar un buen día para atacar la cumbre. Allí nos encontraríamos con el resto de expedicionarios que habían bajado un día antes.

En esos momentos estábamos muy contentos. El trabajo estaba hecho y sólo necesitábamos un golpe de fortuna para poder llegar a la cumbre. El juego estaba más emocionante que nunca. Llegaba lo mejor. Nosotros, pequeñas piezas de la partida, habíamos recorrido la montaña, el tablero, varias veces, ya lo conocíamos y solo había que esperar a que éste no nos zarandeara sacándonos de la partida. Pero lo íbamos a intentar con todas las fuerzas…


17-18 de agosto

Al final pasamos dos días en el CB. En principio, nos alegramos de haber bajado, el pronóstico de los alemanes era de dos días malos, incluso con nevadas en el CB, y que a continuación se quedaría despejado, muy frío pero sin viento. La realidad fue otra: los días fueron ventosos pero no nevó nada. Como nosotros íbamos a subir en tres días teníamos la ventaja de que podíamos esperar un día más en base que el resto de grupos.

Esos dos días en el CB fueron de tensión, todo el mundo mirando al cielo y esperando el tiempo como si nos fuera la vida.

Finalmente el día 18, jueves, todo el mundo se decidió a subir: el grupo grande de Garrido, los de Granada y los alemanes. Su día de cumbre era el domingo 21 y nosotros para no ser menos decidimos salir el viernes y así coincidir en la cumbre. Si todo salía bien nos íbamos a juntar en la cumbre más de treinta personas.


19 de agosto

Subida al C1. Subimos en 3h. 30min y algo cargado, lo que comparado con las 4h. 40min del primer día era una importante mejora. Hacía frío pero confiábamos en que ese iba a ser el peor día de los tres.


20 de agosto

Amaneció un día magnífico. Todo encajaba, el tiempo estaba mejorando, y todo indicaba que el domingo día 21 sería perfecto. Muy contentos, empezamos a subir, nos esperaban otros 1.000 m. En total tardamos 6h. 45min, aprox. el doble que los primeros 1000 m. del día anterior.


21 de agosto - Día de cumbre

Mientras estaba en el saco a 6.440 m, durante toda la noche, estuve oyendo el viento soplar. Se suponía que no habría viento, pero puede ser normal, las montañas grandes, y esta lo es, podemos decir que tienen su clima propio y en muchas ocasiones caprichoso. Puede estar despejada y todo lo de alrededor cubierto y viceversa. Intentas ser positivo y yo decía para mí: seguro que después del amanecer se calmará.

No dormí mucho, por la altura, los nervios, una muela que me empezaba a incordiar y todas las cosas que me había metido al saco (botines, agua, calcetines, manoplas, etc.) que me impedían moverme a gusto.

Nuestra hora de salida la habíamos fijado a las 4:30 así que supongo que nos levantamos a las 3:30 aprox. Yo me levanté, abrí la puerta y me fijé en el cielo. No estaba despejado, había grupos de nubes altas y bajas, aunque en ningún caso cubrían el cielo totalmente. La luna llena iluminaba la nieve cuando las nubes se lo permitían y la temperatura era de “sólo” 12 bajo cero. Yo les dije a los compañeros algo así como ¡Nos vamos para arriba! o una frase similar.

A la hora fijada salimos. Los primeros minutos fuera, cuando preparábamos los skis y nos metíamos todo debajo de la ropa, rápidamente nos enfriaron los cuerpos y nos indicaban que la ascensión sería de mucho desgaste.

Los primeros 400 m, hasta el C3 a 6.850 m., los hicimos de noche. Es un espectáculo moverte a esas alturas de noche. Mientras ascendía con los skis, por encima, veía la luna que nos iluminaba y por debajo el increíble espacio que ya nos separaba del valle y las nubes bajas. Estábamos entre nubes pero el tiempo en esos momentos me parecía bueno, aunque como es lógico muy frío, lo que obligaba a mover los dedos de pies y manos continuamente.

Al amanecer (6:30 aprox.) llegamos al C3. El C3 estaba separado en dos partes. Primero llegamos al campo de los alemanes y al ver que no conocíamos a nadie seguimos avanzando, unos 50 m más arriba, hasta otras tiendas donde debía estar el grupo de Garrido y los granadinos. Al llegar vimos que había poco movimiento lo que me extraño ya que las 6:30 era la hora que ellos habían fijado para salir y por eso nosotros habíamos ajustado el horario para subir juntos. Algo raro debía pasar ya que Fernando Garrido había insistido mucho a sus clientes en lo importante de respetar la hora.

Ya no recuerdo quienes, pero nos dijeron que el día anterior habían encontrado a dos alemanes que habían estado desaparecidos dos días. Pero no era una historia con final feliz. La chica estaba muerta a unos 7.200 m en la misma subida y al chico, que estaba casi congelado, lo habían conseguido bajar a última hora con un doble techo al C3 y lo habían metido en una tienda. Fernando Garrido le dejó su propio saco. Ese mismo día por la mañana murió también. Habían pasado dos días perdidos y lo que es peor dos noches a más de 7000 m sin nada para protegerse. Fue demasiado. Era una noticia escalofriante. Después de eso nos quedamos un rato descansando mientras el resto de gente que iba a subir parecía que se decidían a moverse.


Mientras esperaba allí se me pasaron por la cabeza las reflexiones de Jon Krakauer en su famoso libro “Mal de altura” en donde reflexiona sobre la indiferencia de los montañeros hacía los cuerpos que quedan en la montaña. En su momento, cuando lo leí, me impresionó mucho y ahora me estaba pasando a mí.
Jon KRAKAUER (Mal de altura)
A 6.400 metros, mareado por el calor, topé con un objeto grande envuelto en plástico azul a un lado del sendero. Mi materia gris maltratada por la altitud tardó más de un minuto en asimilar que el objeto era un cuerpo humano. Perplejo e inquieto a la vez, lo contemplé durante largo rato. Aquella noche, cuando pregunté a Hall al respecto, me dijo que probablemente la víctima fue un sherpa que había muerto hacía tres años.
Una vez en la cabecera del Cwm Occidental, a una cincuentena de metros del camino principal, topé con otro cuerpo en la nieve, o mejor, la mitad inferior de un cuerpo. El tipo de ropa y las viejas botas de piel sugerían que la víctima era europea y que el cadáver llevaba en la montaña diez o quince años por lo menos.
El primer cadáver me había dejado temblando durante varias horas; la impresión que me llevé al encontrarme este otro desapareció casi de inmediato. Pocos de los alpinistas que pasaban por allí dedicaban a uno y otro de los cadáveres más que una mirada fugaz. Era como si existiese un acuerdo tácito con la montaña para fingir que aquellos restos disecados no eran reales, como si ninguno de nosotros quisiera admitir lo que se jugaba en la ascensión.
Mientras esperábamos en el C3 terminó de amanecer pero no quedó el día transparente que nos auguraron los alemanes. No se si las nubes altas bajaron o las bajas subieron, pero el caso es que la niebla se apoderó del C3. Estábamos quedándonos fríos así que había que hacer algo. A pesar de todo decidimos continuar. La gente iba a salir y Fernando dijo con gran determinación algo como ¿vais a que tirar para arriba? ¿No? Yo dije: sí, claro y empezamos a subir.
Nosotros íbamos los primeros, pero a pocos cientos de metros venían los grupos grandes. A diferencia de la primera parte hasta el C3, que tiene una buena pendiente, el primer repecho después del C3 es muy suave y había una buena huella lo que unido a la sucesión de banderines hacía que el riesgo de perderse fuera mínimo. Eso me animó ya que después de lo que había pasado y pensando que yo iba el primero debía ir especialmente alerta.
Después de ese tramo relativamente cómodo y ya por encima de los 7.000 m la cuesta se empinaba de nuevo. Los zig-zag eran obligados con los skis y la visibilidad seguía siendo mala. Yo intentaba seguir los banderines, pero en ocasiones los perdía y hubo algún tramo que lo hice por intuición siguiendo la línea de la pendiente. Afortunadamente no me encontré con el cadáver de la alemana. Las nubes y las nieblas corrían muy rápidamente sobre nuestras cabezas rozando la montaña y solo en unos pocos momentos se pudo ver el final de la subida.
Yo me encontraba muy fuerte, tan fuerte, que a pesar de ir el primero abriendo huella y buscando el camino tenía que hacer frecuentes paradas para esperar al resto. Como puedes imaginar, me daba mucho miedo la posibilidad de quedarme solo a esa altura. Así trascurrió la subida hasta los 7.400 m. Yo deseaba con todas mis fuerzas que el cielo se despejara, pero no sucedió y solo hubo un pequeño rato de unos diez minutos que mejoró un poco la visibilidad. A esa altura la pendiente ya se suaviza mucho, estamos en una especie de plano previo a la cumbre. Me había vuelto a quedar solo y entonces de repente me paré.
Llevaba un rato teniendo pensamientos contradictorios. Para mi la subida a una montaña debe de ser esencialmente un acto de disfrute. La cumbre es importante, muy importante, especialmente cuando has estado tanto tiempo preparándote pero también lo es el camino. No estaba viendo nada, no había hecho ninguna fotografía y las perspectivas no eran nada buenas. Si continuaba a ese ritmo me imaginaba allí arriba solo, sin ver nada y sin saber si el resto iba a venir. Realmente me imaginaba la cumbre de una forma muy angustiosa. Justo, cuando parado pensaba esas cosas, empezó a nevar y la niebla se cerró más. Ni decir tiene que el frío era muy intenso, tenía la barba con carámbanos y el frío del cuerpo era más intenso. Por un momento tuve miedo y pensé que a pesar de lo poco que quedaba (150 m,), lo que me separaba de la cima era más que lo que me acercaba…
Finalmente, giré mis skis hasta que apuntaron hacía abajo y abandoné la subida. La montaña no nos quería dejar subir.
En la bajada, me encontré con unos coreanos que me preguntaron que si summit. Les dije que no, que el tiempo se estaba poniendo muy feo y se quedaron parados. Yo continué bajando. Al poco me encontré con Danone y el Guti y les dije lo que pensaba. Nos bajamos los tres. Más abajo nos encontramos con los grupos de Garrido y los alemanes que estaban parados. Algunos de sus clientes se habían bajado. Después de una breve conversación entre todos, todo el mundo se fue para abajo. Ya en la bajada nos encontramos con el cuerpo de la alemana que estaba boca arriba, completamente recta y con los pies hacia el valle. Como dijo Krakauer, al pasar solo le dedique una mirada fugaz.
Bueno, eso fue todo. A día de hoy sigo pensando que bajar y no subir fue una buena decisión, posiblemente una de las grandes decisiones de mi vida.






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