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Ceremoniales, oraciones e himnos enseñanza 1: El Idioma de los Dioses


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CURSO XI


CEREMONIALES, ORACIONES E HIMNOS


Enseñanza 1: El Idioma de los Dioses

Los gritos guturales y los sonidos estridentes que constituían el idioma de los atlantes no se adaptaban a las cuerdas vocales de los arios, que tenían una mayor sensibilidad.

Se podría decir que el conjunto de las cuerdas vocales de los atlantes era en forma de una guitarra, mientras que el de los arios tiene forma de mandolina.

Por eso, los arios no podían adaptarse a los idiomas de los atlantes y su vocalización era completamente rudimentaria. No conocían el tesoro que encerraban en sus gargantas. Hacía falta un Dios que tocara esas cuerdas con la Vara del Conocimiento para que saliera de ellas la armonía y el encanto de la voz.

Los Iniciados Solares de segunda categoría, que tenían que canalizar la Idea Madre de la nueva Raza, enseñaron a los Arios a utilizar sus cuerdas vocales; y dejaron establecido el primer idioma, que bien puede llamarse “lenguaje de los dioses”, porque era completo, armonioso, lleno de energías, verdadero Verbo de Dios hecho carne.

El recuerdo de este idioma se ha perdido por completo y únicamente existe su recuerdo en la Gruta de Ras.

Los textos sagrados lo llaman Arypal.

Constaba, este idioma, de cuarenta y nueve letras, de las cuales siete eran vocales; y poseían la Vocal Insonora que únicamente se pronunciaba para nombrar a Dios.

Del Arypal nacieron todos los idiomas arios: el senzar, al día de hoy completamente olvidado, el sánscrito puro, el palí, el griego y el latín.

Pero existían en el mundo los antiguos idiomas derivados de los atlantes, en particular el chino y el egipcio. Estos idiomas se confundieron luego con los idiomas arios primitivos. El sonido de la voz perdió su primitivo poder magnético, y los idiomas divinos degeneraron en la mezcla de idiomas modernos.

También la escritura fonética es un privilegio de la Raza Aria. La escritura atlante fue la de los jeroglíficos, que heredaron los egipcios y los asirios; y los signos ideográficos de la escritura lemur fueron heredados por los chinos.

La voz, como expresión creadora de la mente, ha de ser algo vivo, una vibración sostenida. Y a pesar de los años pasados y del olvido de muchos idiomas, la Humanidad ha procurado conservar esa modulación magnética de la voz en los signos sagrados, en las sentencias ampulosas, en los cantos corales, en los himnos patrióticos y marciales.

Hay un tesoro escondido en las cuerdas vocales del hombre y él espera otra vez que bajen del cielo los Grandes Iniciados, para volver a manifestarlo.

Los Iniciados mantuvieron, desde tiempo inmemorial, sus himnos y estrofas sagradas que, debidamente modulados, producen el verdadero efecto de la palabra viva.

El dominio de esas palabras se logra con el ejercicio constante de la vocalización.

Si bien durante las últimas dos centurias estos signos han sufrido muchas modificaciones y han sido cargados de barbarismos, aún traen sobre las alas de sus melodías el recuerdo de los antiguos cantos.

Conocerlos es conocer la voz de los antiguos arios, y su vocalización constante es el esfuerzo del estudiante para lograr despertar su verdadera voz e impregnar sus palabras de la fuerza de la realidad y del poder.

Enseñanza 2: Partes y Tonos Musicales de la Vocalización

Las oraciones y fórmulas vocales conservadas en los Textos Sagrados se dividen en siete partes, pero sólo se usan tres de las mismas.

La primera es un conjunto de invocaciones, oraciones, pedidos que hacen los estudiantes a las Fuerzas Supremas, a los Maestros y a la Divinidad.

Se recitan en coro, con un determinado conjunto de voces que se sostiene sobre la nota Fa, invariablemente, a estilo del Canto Gregoriano.

La vibración de estas palabras produce, alrededor de aquéllos que las pronuncian, una onda magnética que, si bien no se pone en contacto directo con la Gran Corriente, la refleja.

Es la súplica del alma individual a la Divina Madre del Universo. Es el esfuerzo de una energía que se une a otras energías similares para alcanzar la Energía Cósmica.

El resultado de esta vocalización es siempre benéfico. Dispone al alma a la devoción, al recogimiento, a la meditación, a las buenas obras. Purifica los actos propios y ajenos y atrae sobre el ser la bendición de los Maestros.

La segunda parte es un conjunto de himnos.

El de mayor categoría entre los discípulos, o el más anciano, pronuncia las palabras del himno y los demás contestan en coro, manteniendo el mismo tono.

Se cantan tres veces; la primera se vocaliza en sí bemol; la segunda, en sí natural y la tercera en do.

Estos himnos son siete y corresponden respectivamente a cada una de las Ruedas Etéreas.

La vocalización de los himnos influye sobre estos Centros; pero el último, “Horushatum Om”, Himno de la Liberación, despierta la energía de los siete Centros, hasta llegar al Coronario.

Es notable el resultado obtenido en la pronunciación de estas palabras para lograr la purificación de los Centros de Fuerza. Cuando más intensa se hace la repetición de los himnos tanto más se ponen en contacto los Centros de aquél que los modula con los Centros del Sistema Solar que habita.

La tercera parte es un conjunto de fórmulas mágicas.

Las pronuncian solamente aquellos que están autorizados para su uso.

Se transmiten, como el Saludo Sagrado, no en conjunto, sino de persona a persona.

La vocalización de estas fórmulas se efectúa sobre la nota Si: voces Masculinas y voces Femeninas.

Es un canto que siempre tiende a la nota más grave. Es especialmente indicado para aquellos que tiene voz de barítono o de bajo, o en caso de las mujeres, de contralto.

Estas Fórmulas Mágicas influyen especialmente sobre los elementales, ahuyentan a los cascarones astrales, a las larvas y a los espectros errantes, y dominan a los animales salvajes.

La cuarta parte es la Fórmula de Bendición.

Es una vocalización secreta que enumera los nombres de ésta y de anteriores vidas del bendecido, enumerando también sus virtudes.

El alma del Maestro se comunica íntimamente, por la vibración, con el alma del discípulo y se fusiona en la Energía Cósmica.

La quinta parte es la Fórmula de Maldición.

La sexta parte consiste en la pronunciación de los Nombres Sagrados.

Los pronuncian, vocalizando, los estudiantes cuando están en condiciones de hacerlo.

La vocalización pasa de una nota a otra, ascendiendo del Do al Si, para luego descender al Do.

Se efectúa en conjunto o individualmente.

La séptima parte se compone de las vocalizaciones extáticas.

Las pronuncian los místicos cuando están en éxtasis.

Unifican al alma con Dios, y su llave la poseen únicamente los Maestros del Umbral.



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